Aproximadamente a 100 kilómetros de Calama, el desierto más árido del mundo esconde celoso un pequeño oasis llamado San Pedro de Atacama.

Es un pueblo de adobe y calles de tierra que le ha robado el corazón a miles de turistas por los encantos de la cultura atacameña y española que contienen cada una de sus construcciones.

¿Qué te parece si me acompañas y recorremos juntos este poblado? Avanzamos por calle Caracoles con un cielo tan azul sobre nuestras cabezas que se confunde con el mar.

Extranjeros de todas las nacionalidades caminan junto a nosotros, mientras nuestro sendero comienza a crecer en agencias, restaurantes, hoteles, alojamientos, centro de llamados y todos los servicios que un turista pueda necesitar para su aventura a las increíbles maravillas que encierra la zona.

Por eso, si me preguntas a mí, no puedes dejar de visitar el Valle de la Luna y los géiseres del Tatio durante tu estadía en estas tierras.

Seguimos caminando hasta Plaza de Armas, donde descansamos unos momentos a la sombra de tamarugos y algarrobos.

Sentados en una banca de piedra, me comentas que has quedado muy sorprendido con la blanca iglesia que acabamos de pasar, así como por el cementerio y el mercado de artesanías.

– Es la cultura de San Pedro que está en todas partes – te explico emocionado al recordar este legado que nació hace 11.000 años con las primeras comunidades atacameñas y siguió forjándose con la invasión inca del siglo XV y la influencia española que llegó cien años más tarde.

Luego de escucharme, sacas una botella de agua y propones un brindis por este fascinante pueblo, el que yo acepto encantado. – ¡Salud por San Pedro de Atacama! – exclamas y ambos bebemos felices en honor a la capital arqueológica de Chile.